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Hoy vengo a hablar de ese pedazo de tierra que no abarca más de100x35. Esa pequeña Isla que es capaz de despertar tantas emociones a la misma vez, y el que es puertorriqueño conoce muy bien de qué hablo. Sin duda alguna, esta pequeña isla es capaz de representar  lo bueno, aceptable, ejemplar pero a la misma vez lo macabro, lo violento, lo obsceno y lo corrupto.  Muchas, sin duda alguna, son las razones para amar mi Isla, además de ser el terruño que me vio nacer, son mis raíces, mi cultura. Su cotidianeidad la hace amable pero a su misma vez temible. Es capaz de transportarte del amor al (no quiero decir odio, eso jamás lo diría de mi Isla) pero sí, a la desilusión y desesperanza. Es que nos hemos desensibilizados de tal forma, que ya hasta presentamos dos grandes titulares simultáneamente en un ejemplar, algo así como; Balacera en Río Piedras, un muerto y tres heridos y  Construirán Outlet en Cayey, en la misma categoría.  Cómo si estas dos noticias, en sí pudieran estar ni siquiera cerca la una de la otra. Vamos, que no vine a criticar la prensa, las noticias y los medios de comunicación (que aunque merecen critica no es mi objetivo en este desahogo, y más cuando todo el país carece de la buena manera de hacer prensa, la politiquería lo abraza y el sensacionalismo coquetea con la mayoría de sus noticias). ¿Acaso ya nos hemos dados por vencido? ¿Acaso el ver la palabra tiroteo, balacera, masacre, emboscada, asalto, robo, “carjacking” ya es normal para nosotros? ¿Qué nos ha estado pasando?
La isla para mí representa la dualidad de lo malo y lo bueno, la lucha de dos contrincantes, la pelea mortal entre dos combatientes. Por un lado el amor del seno de la familia puertorriqueña, de valores y principios, de esfuerzos y sacrificios y por el otro, los efectos de lazos familiares moribundos, quebrantados, familias rotas y corruptas. Es una sensación de amor, con… ¿pena? No deja de ser la isla que nos alimenta, nos levanta y sobre todo muy NUESTRA. Entonces, jóvenes descarrilados, individuos sin escrúpulos y falta de valores nos han arrebatado no solo nuestra tranquilidad, sino nuestro pedazo de tierra para convertirlo en sede de narcotráfico, corrupción y violencia.
¿Cuándo le dimos tanto poder al corrupto y al malhechor? Que ni se podemos salir tranquilo a la calle, ni a plena luz del día, porque estas expuesto a la violencia y a la corrupción. Que mientras hay gente de bien, enfocados en su vida diaria, sus estudios, sus trabajos y sus menesteres y a quienes nunca les ha cruzado por la mente tocar un arma, traficar sustancias o asesinar al prójimo, y también tiene que lidiar con el miedo de salir a la calle. ¿Acaso hemos perdido la voz, la potestad como ciudadano productivo y de bien y nos hemos dejado dominar por la corrupción o es que tanto es el miedo que no nos hemos levantado los buenos contra los malos, o peor aún ya nos parece cuestión de costumbre, aceptable y normal decir: la cosa esta mala, cuidado en la calle, mataron a fulano, entre otros? Cualquiera de las anteriores me parece deprimente, pero la última me causa pánico. Pensar que ya lo hemos integrado a nuestro diario vivir, que nos rendimos, que lo vemos “normal” me preocupa no solo para nosotros sino para las generaciones que están por venir.
Creo que entendemos, que la solución no debe ser sencilla, que por más que se escuche trillado,  debe comenzar por la familia, en el hogar, en la escuela y en el ambiente que rodea a un individuo desde pequeño. Creo que el exponer a niños desde temprana edad a la corrupción, el mundo de las drogas y la falta de amor ha sido un gran detonante. Porque quién no quiere ser como mami y papi, hermanos, tíos y ejemplos durante la vida de una criatura, y ojo que esto incluye desde el ejemplo más hermoso de aquel individuo trabajador, luchador, sacrificado y de bien hasta aquel corrupto, vago, insensible y despiadado. ¿Cuál es el ejemplo que das? 

10/11/2012 DGM

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